Polvo frenético en raíles viejos
Yo era solo polvo de hadas. Un mar de estrellas sin trampolín. Te dije una vez que vinieras conmigo, para enseñarte las miles de maravillas que escondía en un calcetín de monitos azules. Pero te negaste, y aquello fue el fin del principio, el trampolín que faltaba a mi mar y el regreso al dorado del polvo frenético en los raíles rotos del tren. Me pasé treces meses pensando qué encontré para perderte de esa forma, y no hallé respuesta ninguna. Y hoy, trece días más tarde, descubrí que solo tenía que abrir un poco más la puerta para dejarte entrar.