El día que a Nube se le cayó el pañuelo del bolso y aterrizó en su mesa, donde tomaba café con despreocupación, se convirtió en el primer día que el sol aparecía tras los altos rascacielos de San Francisco. Ella, avergonzada y con las mejillas rojas, se acercó a pedirle el pañuelo, pero él no quiso dárselo. Quería que ella le hablara con aquel acento sureño toda la vida.
- Por favor - pidió ella - hace frío, y no es mío ¿sabe? Me lo prestó mi madre.
Él, a regañadientes, se lo dio. Cuando Nube le dedicó su sonrisa de niña, el mundo se fracturó por la mitad y todos los rascacielos se hundieron en el gran agujero. Exactamente igual que cuando rompía un hielo con los dientes y dejaba caer los restos del whisky por su garganta.
domingo 29 de noviembre de 2009
sábado 28 de noviembre de 2009
miércoles 25 de noviembre de 2009
- ¡Pero cómo puedes ser tan insensible! - gritó ella, poniendo los brazos en jarras - Dioses, ¿es que esto no significa nada para ti?
- ¿Por qué debería significar algo?
- Yo te quiero.
- Bah, eso suena muy posesivo. La gente dice querer todo el tiempo, como si los demás fuesen objetos que ves, te gusta y te los quedas, y si luego se van, los has perdido. ¿Por qué dicen que se pierden a las personas? Es muy... frívolo. Como decir que has perdido un calcetín o uno de tus pendientes. Las personas no deberían quererse, deberían desearse o amarse. ¿Pero querer? Yo jamás he querido a alguien.
- ¿Tampoco a mí?
- No, yo a ti siempre te he deseado y te he amado. Al mismo tiempo. Pero no quiero que pienses que eres de mi propiedad y si decido marcharme lejos de ti, es porque te he perdido, como una moneda de cinco céntimos. Anda, por favor, sécate las lágrimas y vamos a tomar un café, así hablamos. ¿Qué has hecho estos últimos meses?
- ¿Por qué debería significar algo?
- Yo te quiero.
- Bah, eso suena muy posesivo. La gente dice querer todo el tiempo, como si los demás fuesen objetos que ves, te gusta y te los quedas, y si luego se van, los has perdido. ¿Por qué dicen que se pierden a las personas? Es muy... frívolo. Como decir que has perdido un calcetín o uno de tus pendientes. Las personas no deberían quererse, deberían desearse o amarse. ¿Pero querer? Yo jamás he querido a alguien.
- ¿Tampoco a mí?
- No, yo a ti siempre te he deseado y te he amado. Al mismo tiempo. Pero no quiero que pienses que eres de mi propiedad y si decido marcharme lejos de ti, es porque te he perdido, como una moneda de cinco céntimos. Anda, por favor, sécate las lágrimas y vamos a tomar un café, así hablamos. ¿Qué has hecho estos últimos meses?
domingo 22 de noviembre de 2009
- Cuéntame, ¿por qué lo hiciste?
- Porqué hice qué.
- Amarme.
- Ah, eso. Lo siento, me encantaría tener una respuesta bonita preparada, pero lo cierto es que no fue algo que yo decidiera.
- Porqué hice qué.
- Amarme.
- Ah, eso. Lo siento, me encantaría tener una respuesta bonita preparada, pero lo cierto es que no fue algo que yo decidiera.
martes 17 de noviembre de 2009
Decías que soy la hija del caos, pero bien que te venías en mi barco a navegar los mares del cosmos y a beber ron cuando parábamos en alguna constelación, después de hacer el amor como locos.
miércoles 11 de noviembre de 2009
- ¿Ves porqué no me gusta acostarme con hombres con músculos de acero? Porque al final una se acostumbra a estar rodeada por brazos así mientras duerme, y termina echándolo terriblemente de menos cuando no están.
domingo 8 de noviembre de 2009
Tu único horizonte será mi espalda. Corre, corre, no conseguirás frenar la pluma de mis dedos. Cuando llegues hasta a mí, verás mis suelas. Apúntame con el cañón de tu pistola y dispárame si consigues dejarme como blanco fijo.
Hoy Hollie no dice ¡bang!. Solo dirá Game over, amiga. Tu disparo ha fallado. Se te acabaron las balas.
Y como dijo Nach:
Yo me miré al espejo con los ojos de quien me odia y me sentí eufórico, porque todo es psicológico en este zoológico de buitres y camellos, de perros hambrientos esperando el momento de morder mi cuello. Pero no por ello callo, ni me rayo, ni huyo, el murmullo de un listillo no me destruyó, sólo me instruyó en lo cierto.
Hoy Hollie no dice ¡bang!. Solo dirá Game over, amiga. Tu disparo ha fallado. Se te acabaron las balas.
Y como dijo Nach:
Yo me miré al espejo con los ojos de quien me odia y me sentí eufórico, porque todo es psicológico en este zoológico de buitres y camellos, de perros hambrientos esperando el momento de morder mi cuello. Pero no por ello callo, ni me rayo, ni huyo, el murmullo de un listillo no me destruyó, sólo me instruyó en lo cierto.
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